D. Jacinto Suárez, cronista oficial del
municipio,
siempre se refirió al rancho utilizando la
metáfora de
"fósil
viviente",
fenómeno cultural que se pierde en los albores
del tiempo y que ha ido transmitiéndose de
generación en generación a medida que han ido
transcurriendo los avatares históricos.
La misión del rancho ha sido siempre la de
recaudar limosnas que se entregaban al cura para
el sufragio de las misas de difuntos o para
hacer alguna obra de caridad (limosnas para los
pobres).
Antaño, estos
donativos
podían ser entregados en metálico o en especies
diferentes: productos alimenticios como granos,
huevos, etc. Actualmente se entregan en
metálico.
La mayoría de las veces se llegaba a pertenecer
al rancho para pagar promesas, como es el
caso de
D.
Miguel Calderín
(fallecido), que participa en la
Guerra Civil Española y es ahí donde se hace el
juramento de que, si vuelve con vida a
Valsequillo, dedicará su vida y esfuerzo al
rancho, contando con más de 50 años dedicado a
esta labor.
Fragmento de la entrevista realizada
el 06-08-2000
Según nos contó
D.
Miguel Calderín de 86 años; siempre
escuchó de los mayores que la
historia del rancho se remonta a
tiempos prebíblicos de las luchas
macabeas“… Hubo una guerra entre dos
hermanos que querían el reinado: uno
era pobre y el otro rico. El pobre
le ganó la guerra al rico y
empezaron la juerga para celebrar la
victoria. La gente le daba dinero y
obsequios y ahí arrancó el rancho.
Esto no es español (…) y entonces
tocaron en la juerga y ajuntaron
dinero (…) hasta que uno dijo: lo
mejor es dárselo a los necesitados o
Ánimas Benditas y ahí arrancó el
rancho. El Rancho arrancó con una
juerga, eso es lo que he oído yo a
los viejos”.
Este grupo de cantadores y tocadores ha sido
testigo de excepción, a través de los siglos, de
la vida socio religiosa del municipio y de su
devenir histórico y cultural. Difícilmente
podríamos concebir la memoria histórica de este
municipio obviando la enorme trama cultural que
esta tradición marcó en todos sus habitantes,
heredada de padres a hijos a lo largo de muchas
generaciones.
Los ranchos cumplían una tarea crucial en la
sociedad un papel aglutinador, socializando después de la
labores agrícolas a grupos de personas que, no
existiendo otra cosa más que el
ancho, motivaban sus ratos de ocio con
grupos de cuerda y cante, dando lugar a
verdaderas parrandas cuando ya se había
terminado de cantar a las ánimas.
El Rancho de Ánimas de Valsequillo salía todos
los años a partir del día de Nochebuena (24 de
Diciembre) cantando en la misa. Posteriormente,
realizaban también otras salidas coincidiendo
con el Año Nuevo, el Día de Reyes o la
Candelaria, fecha en la que el rancho se recogía
(4 de Febrero aproximadamente). Los ranchos que
se organizaban fuera de este período para pagar
alguna promesa particular
se denominaban “Ranchos de Levantisco” o "Alevantisco".
Éstos se organizaban generalmente en la casa de
algún devoto anfitrión que, previo acuerdo con
el ranchero mayor, ofrecía una cena o brindis al
rancho de cantadores y tocadores.
Esta
tradición de ofrecer cenas al rancho se sigue
conservando en la actualidad.
"Quienes
comían eran las
ánimas del
purgatorio..."
D. Jacinto Suárez Martel
(fallecido), antiguo
Cronista Oficial de Valsequillo de G.C. , nos habla de las cenas
de rancho
(fragmento de la
entrevista realizada
el 13 de Marzo de 2001).
Una
anécdota en una cena del rancho en
Lomitos de Correa...
La
fe depositada en las ánimas era tal que
hacía que en ocasiones acaecieran hechos como el
que nos cuenta
D. Miguel Calderín, antiguo ranchero
mayor. El ánima de un difunto, que muere
sin cumplir su promesa de dar una cena
al rancho, se manifiesta ante todos (fragmento de la entrevista realizada el
06-08-2000).
Oficios del Rancho de Ánimas
En el Rancho de Ánimas han
existido
tres oficios
principales:
Ranchero
mayor:
es y fue la
personalidad más emblemática
del rancho.
Era un cargo que se ocupaba por
vocación propia para pagar alguna promesa
particular. Esta persona
se encargó
tradicionalmente de la tareas de organización y
tesorería.
Mochilero: llevaba unas alforjas que contenían instrumentos que no se estuvieran
tocando en ese momento y alguna botella de ron miel, para
aclarar la voz.
Tocador
de instrumentos de cuerda: era una
figura bastante solicitada ya que no
abundaban tocadores de calidad,
y
la mayoría de las
veces se le llegó a pagar algún dinerillo
por ejercer su función. Grandes
tocadores de cuerdas
fueron D. Antonio del Pino, más conocido como
Antonio el mutilado y D. Miguel Sánchez, el
del Risco.
A diferencia de otros ranchos de la isla, el
Rancho de Ánimas de Valsequillo nunca
desapareció. La labor del párroco D. José Falcón
Negrín, gran amante del rancho, contribuyó
enormemente a ello. Aun así, hace treinta o
cuarenta años, esta
cofradía
pasó
por momentos complicados. Algunas veces tuvo que
salir cantando por caminos y veredas con
tres miembros solamente (el ranchero,
un respondedor y
un tocador de cuerdas).
En la actualidad el
rancho cuenta
con una veintena de miembros
entre niños,
jóvenes y adultos, contando
en sus filas con una
mujer (recordemos que
ésta ha
sido en Valsequillo una tradición
principalmente masculina).
Todo esto hace que
la
vida
de esta cofradía
transcurra por muy frescos derroteros
gracias a
la labor del
actual ranchero y de otros miembros,
posibilitando
el acercamiento de esta tradición a las nuevas generaciones
y augurando un futuro feliz a
este fósil
viviente”.
Actuación
del rancho
en el programa de televisión "Canarias Viva", grabado en
Valsequillo en el año 1982 y presentado por el
inolvidable Nanino Díaz Cutillas